domingo, 13 de febrero de 2011

Un nuevo liderazgo

Gerencia en Acción
Un nuevo liderazgo
Chichí Páez

"El liderazgo es... algo muy distinto de lo que hoy se nos presenta bajo este rótulo.

Tiene poco que ver con las cualidades del líder y mucho menos con su carisma.

Es una cosa ordinaria, prosaica y aburridora.

Su esencia es el desempeño".
P. Drucker

Chichí Páez

En referencia al liderazgo existe mucha literatura, en donde se puede apreciar un sinnúmero de definiciones.

Tratando de justificar el título de este espacio de hoy se menciona la siguiente definición: "El liderazgo... es el conjunto de las actividades, y sobre todo de las comunicaciones interpersonales, por las que un superior en jerarquía influye en el comportamiento de sus subalternos, en el sentido de una realización voluntariamente eficaz de los objetivos de la nación, institución, organización y del soberano".

A ésta se le pueden agregar otras acepciones de carácter más general, que hablan de tener una visión y lograr que la gente la haga realidad, o de la capacidad para influir sobre los otros, en particular por medios no coactivos.

No obstante que estas definiciones resultan poco funcionales a los fines de este escrito, permiten extraer cinco elementos que son constitutivos de cualquier definición moderna de liderazgo: influencia, voluntad, comunicación interpersonal, capacidad de ayudar al grupo a definir y alcanzar objetivos, y superación y esfuerzo suplementario.

Con los nuevos escenarios políticos-sociales-económicos venezolanos, es necesario implementar un estilo de liderazgo que garantice la unidad en todos los estratos del contexto nacional (públicos y privados) por medio de un proceso de aprendizaje colectivo general, institucional, organizacional, grupos o comunidades, en términos de construir una visión de conjunto sobre sí mismos, sobre sus intereses y fines, y sobre los medios para alcanzarlos de manera eficaz.

Subyace la visión de que el liderazgo democrático unitario es un estilo con capacidad para definir sus objetivos, comunicarlos, identificar medios para conseguirlos y poner esfuerzo para lograrlos.

Esta concepción va en contradicción con las tendencias predominantes en el conocimiento y práctica del liderazgo, en las que subyace la idea de que el mismo está sustentado en las condiciones de personalidad de los líderes y por tanto tiene relación directa con la existencia o no de carisma.

Según Peter Senge "...los líderes... son héroes, grandes hombres (y en ocasiones mujeres) que avanzan a primer plano en tiempos de crisis". A lo que él contrapone: "Mientras prevalezcan estos mitos, reforzarán el énfasis en los hechos de corto plazo y los héroes carismáticos y no en las fuerzas sistémicas y el aprendizaje colectivo. La visión tradicional del liderazgo se basa en supuestos sobre la impotencia de la gente, su falta de visión personal y su ineptitud para dominar las fuerzas del cambio, deficiencias que sólo algunos grandes líderes pueden remediar".

En este sentido, ya no basta con tener a un líder que aprenda para la organización... Ya no es posible observar el panorama y ordenar a los demás que se sigan las órdenes del "gran estratega". Las naciones, instituciones y organizaciones que cobrarán relevancia (competitivas) en el presente y futuro inmediato serán las que descubran cómo aprovechar el entusiasmo y la capacidad de aprendizaje de sus seguidores en todos los niveles de los escenarios donde se actúe.

Como se puede ver, esta noción rompe claramente con la visión personalista y carismática, para centrarse en la idea de que el liderazgo tiene que ser adecuado y funcional con el tipo de contexto del cual se trate -sea ésta una nación, institución, organización, grupo religioso, una comunidad en general, un partido político o una sociedad determinada- y con la capacidad para que ese liderazgo produzca los efectos deseados, a saber, la consecución de los cambios ideales apetecidos, debe implementarse un estilo de liderazgo que garantice la unidad, con una clara visión compartida de futuro.

En una sociedad democrática es normal y lógico que los líderes (políticos, sociales, empresariales, religiosos, etc.) encabecen esfuerzos para ejercer el control institucional u organizacional como instrumento de vital importancia para la transformación de la realidad, también es evidente que cada vez más procesos y fenómenos se dan en los márgenes externos de la política tradicional y de las naciones como estructuras institucionales, cada vez más se presencia la irrupción de nuevas formas de organización y de liderazgo -consecuencia de la globalización- que sin pasar por los causes tradicionales de la política, este liderazgo de unidad que se espera su implementación en la sociedad venezolana, ejerce influencia determinante por cuanto contribuye a la transformación efectiva de la realidad social en la que existen.

Este estilo de unidad debe esforzarse para planificar y ejecutar un cambio innovativo, que tenga la finalidad de modificar las relaciones de poder. Es decir con las nuevas realidades existe una situación de causalidad circular y recíproca entre las relaciones de poder imperantes en el contexto venezolano, que coadyuven las nuevas realidades paradigmáticas, y el mismo cambio, que reclama un gran viraje en las relaciones de poder.

Los líderes en sus diferentes áreas de influencia tienen la obligación histórica de ser un factor que brinde mucha paz, progreso, estabilidad y tranquilidad a Venezuela, por medio de instrumentos democráticos y legales.

¡Existe un compromiso histórico!

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