martes, 26 de abril de 2011

COMO RECONOCER LA VEJEZ


Uno de los problemas que presenta la vejez es que no se sabe
exactamente cuando comienza. El venerable anciano Claudio Nazoa, por ejemplo, a pesar de su avanzada edad, no aparenta ni sesenta años..
Eso se debe al hecho de que la edad es algo más espiritual que
fí­sico. Y ahora, con la pastillita azul, hasta el tema sexual esta
resuelto. Mi ahijada Valentina, por ejemplo, la hija de Claudio, es
producto de ese avance de la ciencia.

Es necesario pues tener algunas referencias para saber cuando se está entrando a eso que los latinos llamaban senectutem y los griegos gerontos. Definitivamente uno se está poniendo viejo…
…si recuerda la gaita aquella que terminaba diciendo, a golpe de tambora: “…navidad-navidad-navidad…Lorenzo”
…si fue al abasto a comprar y pidió ñapa.
…si conoció a Carlos Andrés con patillas y el zapato blanco pintado en las calles que recorrí­a en su campaña.
…si te daban un real para la merienda del colegio..
…si tomaste colita Grapette.
…si conoces el origen de la frase “aquí­, en la lucha por la locha”
…si fuiste al cine a ver pelí­culas de Sandro en matinée (y lloraste).
…si le pediste al portugués un bolí­var de pan de a locha.
…si le diste la mano a Diego Arria con el slogan de “dale tu mano a Diego”.
…si recuerdas a los presidentes vestidos de paltó levita.
…si sabes a qué alude la frase “Caramba, estabas más perdido que Niehous”.
…si recuerdas el caso Vegas Pérez.
…si cantaste “libera tu mente”.
…si tuviste máquina de escribir portátil de esa que se le apretaban dos botoncitos y se levantaba la tapa como un capó.
…si sabes escribir en esténcil y lo que es un multí­grafo.
…si gritaste alguna vez en una manifestación: “¿Dónde están los reales de la educación?...Los tiene Luis Herrera en El Salvador”.
…si el caso Sierra Nevada te escandalizó.
…si usaste papel carbón para sacarle una copia a un trabajo del liceo.
…si alguna vez tuviste miedo de que te picara la machaca.
…si te purgaron con Leche de Magnesia.
…si tu mamá te pegaba con chancleta.
…si pagaste el agua en el INOS.

Definitivamente uno se está poniendo viejo si recuerda los tiempos en los cuales un atraco era noticia, la droga era un tabú, los presidentes no insultaban, los corruptos solo se robaban el 10% y parecí­a que el paí­s tení­a futuro.
(se reconocieron ???)


LAUREANO MARQUEZ

domingo, 17 de abril de 2011

El deseo es el comienzo de un Logro
Juan Carlos Caramés Paz / juancarloscaramespaz@gmail.com

Días pasados, trabajando en mi oficina, mi hija entró al final de la mañana, y de la nada me comentó: "¡Qué hago para divertirme!". Me agarró fuera de base, ya que ella no había ido al colegio, ese día, por sentirse mal.

Me insistió, "Papá, deseo hacer algo retador contigo".

Ya me siento mejor. Wuao, comenté.

Con mis hijos varones armamos Legos (juguete de piezas para completar figuras) con cierta frecuencia. Recordé entonces que tenía una caja guardada para ellos. Y pensé en ese juego. Sin decirle nada, me levanté de la silla y fui al sitio donde lo tenía guardado. Mi hija, de vez en cuando, arma los suyos (de acuerdo a su edad). El Lego hace recomendaciones con respecto a las edades y el nivel de dificultad.

Cuando lo tenía en sus manos vi que su rostro cambió. Entonces le pregunté "¿Quieres algo retador?". "Sí", contestó ella. "Pero, pero, pero, quieres que arme este Lego". Y dije, "¿Cuál es el problema?", "Sé que es de varones, eso te afecta". Ella me hizo señas con su boca hacia una parte de la caja, como haciéndome ver algo que le llamaba la atención.

Le dije, "¿Qué pasa?, no te gusta".

Ella simplemente me dijo, "Es para mayores de 16 años, y tú sabes mi edad (ella sólo tiene nueve)". Yo repliqué ¿Cuál es problema? Ella dijo "Ninguno, ninguno". Y entonces…

Volvió a comentar, "Me lo vas a dar". Y comenté, "Sí, no deseabas algo retador".

Mi primera sorpresa fue su reacción. Hay gente que se asusta cuando sabe que los retos son superiores. Hay gente que se minimiza sólo de pensar que puede estar mejor en la vida haciendo algo superior, pero encuentra cualquier justificativo para ser promedio, o peor, para ser igual que ayer y ayer y ayer.

Ella, en cambio, me arrancó la caja de las manos y salió corriendo contenta de afrontar este reto (que era para sus hermanos mayores). Esa razón en ella inspiró una energía de acción.

Sabía que sería una larga sesión de paciencia y salivita, como decimos nosotros en criollo. Pero fue mucho más allá, lo que sucedió.

Yo estaba terminando un informe sobre una compañía que estaba pasando por un momento de dificultad. Su mapa de acción era de justificación, de temor, de "cuidado con lo que hacemos", de mejor nos quedamos como estamos, de lamentación y excusas.

Ella destapó su Lego y contenta comenzó a armarlo.

Hicimos un pacto: Cada dos hojas ella venía junto a mí, para verificar que todo se hiciera correctamente. Simplemente le colocaba a cada paso ejecutado una simple marca de revisado.

Los minutos comenzaron a correr y algunas cosas empezaron a ocurrir. Les cuento algunas…

"Papá, no encuentro una pieza"… Yo le decía, sigue, sigue buscando. A veces un poquito más, es todo lo suficiente. ¡Te vas a dejar vencer por esa pequeñita pieza!, "Claro que no", decía ella.

"Papá, está bien, revísalo, por favor"… Cuando le marcaba como "OK" cada paso, observaba como sus ojos se llenaban de sentido de realización, como su postura era de "YO si puedo", como sus ojos brillaban de logro, como se veía inquieta para marcharse a continuar con la siguiente instrucción. A cada dos pasos le escuchaba decir "YUPIIII".

"Papá, acércate, por favor, está difícil este paso"… Le decía "difícil tiene una "f" de fácil". Ella contestaba "lo sé, pero está complicado". Entonces le indicaba "observa la figura en todos sus ángulos, chequea que todas las partes coincidan". A veces andamos por la vida observando sólo el árbol, y no somos capaces de ver el bosque. Otras tantas, creemos que las cosas son sólo como lo pensamos. Y resulta que muchas veces la realidad puede ser otra.

"Papá, no encuentro una pieza"… Y le repetía la instrucción. Pero ella ya me cortaba, diciendo: "Ya sé, papá, ya sé lo que tengo que hacer: buscar un poquito más, hay que persistir, a veces, hasta el cansancio. Sigue intentando, busca, busca bien". Ya mis comentarios, no eran comentarios, ya mis instrucciones no hacían falta. Ya eran comportamientos que comenzaban a formar parte de sus actitudes ante las circunstancias que le vida le presentaba.

"Papá, ¿Cómo voy?". Muy bien le decía. Esta pregunta me la hacía constantemente, como cual atleta de alto rendimiento, que constantemente se dice así mismo "vamos bien, lo estoy haciendo mejor, voy bien". Todos necesitamos de una voz interior que nos diga que vamos bien. Todos necesitamos escuchar en algún lado, de alguien, exterior o interior, que vamos bien. Si no lo escuchas, fabrícatelo para que ese algo te de ese empuje necesario, a diario, a instantes, que tanto necesitamos. Fabrica tu voz interior para seguir, para animarte, para aguantar cualquier chaparral que se presente en la vida.

En una de esas que tanto me preguntaba "¿Cómo voy?", le contesté así como de manera desconectada y desanimada, con poca emoción "ahiiií, vamos más o menos bien, pero vamos". Su cara fue todo un poema, su rostro cambió, hasta arrugas le salieron. Al darme cuenta de lo que hice, por supuesto a propósito, cambié mi expresión: "Cariño, vas mejor cada vez", y salió corriendo como alma endulzada de alegría, a ejecutar su próximo paso.

Sin querer estuvimos trabajando la cortesía. Cada vez que me pedía que le chequeara su adelanto, me decía "Gracias, hasta muy pronto". Esto lo digo a propósito, porque hay palabras que pareciera estuvieran desapareciendo de nuestro vocabulario de alguna manera (por favor, hola, buen día, y otras tanta que ya conocemos). Es tanto así, que los pocos que lo hacen, se están viendo afectados por lo que no contestan esas atenciones, y que sin querer se convierten en desconsiderados.

Mi hija terminó su lego y emocionada me lo mostró, cual atleta consigue una medalla olímpica. Para ella fue una olimpiada, para mí una gran lección:

"La tristeza es el mejor mensajero para buscar la alegría, la actividad un nuevo tipo de caminar…"

"Por la calle del DESPUÉS, se llega a la plaza del NUNCA".

Helen Keller dijo una vez "Cuando hacemos lo mejor que podemos, nunca sabemos que milagro se produce en nuestra vida o en la de otros".

"En la orilla sólo encuentras lo que buscas…"

"La preocupación proyecta con frecuencia una enorme sombra de algo muy pequeño…"

Napoleón Hill escribió una vez… "La derrota temporal deberá significar una sola cosa, el conocimiento de que hay algo malo con su plan".

"Nada es tan imposible para no intentarlo"…

Al final de todo, una pregunta que me hizo, me llamó mucho la atención: "Papá, ¿Lo hice más rápido que mis hermanos?"…

miércoles, 13 de abril de 2011

EL LUGAR DEL PADRE- Segunda Parte

R. B. I.: ¿Cómo puede la Haptonomía ayudar a ser padre antes del nacimiento y en el nacimiento?

F. V.: Un hombre llega a ser «padre» desde el mismo momento en que puede asumir su responsabilidad frente al niño que ha creado con la eyaculación de su esperma en el seno de la mujer. Igualmente, una mujer que esté al corriente de su período de fecundación y de receptividad se hace «madre» desde el momento en que ella abre su regazo para recibir y aspirar el esperma que va a fecundar su óvulo maduro, que está a la espera.
Es, entonces, en ese «acto-de-amor-de-concepción» cuando comienza la «responsabilidad parental», puesto que la decisión «consciente» de crear un niño implica que la mujer asume su responsabilidad de ser madre y que el padre asume su responsabilidad de acompañar, de socorrer y de asistir a la (su) mujer de forma tal que ella pueda consagrarse -sobre todo en las primeras fases de la vida y durante la primera infancia- enteramente a su «deber» maternal.
Es una idea totalmente falsa que se tenga un derecho incontestable a un niño: el derecho de tener un niño, el derecho de ser madre o padre.
No existe más que un derecho fundamental, incontestable e innegable; se trata del «derecho del niño a ser concebido a sabiendas» en un ambiente de amor afectivo-confirmante que le proporcione todas las posibilidades para expandirse con sus dones, talentos y facultades, y para establecer un «estado fundamental de seguridad», que va parejo a un «sentimiento de completitud» que lo hace autónomo en total autenticidad.
Sólo los padres que pueden asumir su responsabilidad, respetar este derecho fundamental y garantizar su disponibilidad en un ambiente afectivo-confirmante durante las fases cruciales y esenciales del crecimiento y de la maduración de su hijo podrían decir: «Nuestro deseo vital de acompañar a un niño -"nuestro hijo"- y de ayudarlo a expandir su propia autenticidad; el hecho de estar enteramente disponibles y responsables para guiar y acompañar a nuestro hijo en camino (¡que no es el nuestro!) nos dan un cierto derecho de devenir en "madre y padre", y de serlo».
«Ser padres» es precisamente eso, y es el padre el que debe crear el ambiente, las condiciones y las posibilidades para que la mujer pueda ser «madre» en todos los sentidos, significaciones y dimensiones de la palabra. Estando «al lado de la madre», codo a codo, socorriéndola y dándole seguridad de forma incesante, el hombre se revela «padre» en un equilibrio tal en el que no hay sumisión del uno al otro ni autoridad dominante.
Por lo mismo, el tirano doméstico, el déspota, no es nunca «padre» en el verdadero sentido del término. El buen -el verdadero- padre, el pater familias, es el guía y el acompañante que les abre a sus hijos camino de vida, ayudándolos y -si es necesario- protegiéndolos, haciéndolos autónomos, apelando a sus dones, talentos, aptitudes y posibilidades -sus responsabilidades- mediante un reto que los invita a expandirse.
No es solamente el creador de esta vida que nace en el seno de la madre, sino que también es, al mismo tiempo -y esto es lo más importante-, el creador de este ambiente de amor -este biotipo vital- en el que tanto la madre como el niño pueden complacerse, «crecer» y desarrollarse. Ése es, exactamente, el origen de la palabra pater: ser al mismo tiempo el «creador» y el «protector» de la vida que hemos ayudado a surgir y a germinar; lo que implica el deber de crear las circunstancias que garanticen la optimización del desarrollo de esta vida en todas sus dimensiones.
Juntos, el padre y la madre, son los «padres». Los que poriunt (ponen en el mundo, engendran), los que se ponen en la base de una nueva generación. El nacimiento -el partus, el punto de partida- es la conclusión de su acto de amor que ha llevado a la concepción, a la creación de este niño. Este fin arduamente esperado es, sin embargo, el punto de partida de su deber parental: guiar y acompañar a su hijo hacia una vida autónoma.
Por ello, el «padre» debería, en la medida de lo posible, estar presente y asistir afectivamente al nacimiento dentro de un papel activo, en el que acompañe a la madre y al hijo en la hora de su entrada en el mundo -que es su hora-; entrada que el niño escoge por sí mismo, bien guiado y asistido por el amor de sus padres. El lugar del padre, en este momento, estaría al lado de su mujer, a la que ayudaría y sostendría con toda su presencia y su ternura. De esta forma, el nacimiento se convierte en un verdadero acto de amor que culmina el acto de amor de la concepción.
La presencia del padre en el nacimiento supone esta asistencia afectiva. Un padre que no sepa vivir esta asistencia puede ser un aguafiestas cuya presencia podría perturbar en vez de ayudar. Por este motivo, la presencia del padre no debe ser exigida u obligada; al contrario, si éste es el caso, es mejor renunciar a su presencia.

R. B. I.: ¿Cómo puede uno sentirse padre mediante el tacto? ¿Cómo puede un padre ser «contactante»?

F. V.: [Veldman explica el trabajo haptonómico durante la gestación con los padres y agrega] ...trabajamos preparando a la madre y al padre para sus tareas activas de guía y de acompañamiento afectivos durante las horas en las que el niño franquea su camino hacia el mundo.
En el curso de estas horas, es preciso que los padres conjuntamente, habiendo preparado su papel en buena coordinación y cooperación, encuentren el ambiente adecuado y bien adaptado para el fin que es: hacer nacer a su hijo como un acto de amor.
En tales circunstancias, es preciso que toda asistencia médico-técnica se sitúe en segundo plano de tal forma que no pueda turbar, a causa de intervenciones indiscretas o inútiles, el ambiente afectivo de amor.
Para que todo resulte normal, sería preferible, por lo tanto, que el padre estuviera presente desde el inicio de las primeras contracciones para asistir a su mujer y vivir el nacimiento de su hijo juntos, en un ambiente de amor y de felicidad. Su presencia le dará a la madre la seguridad de que no está sola, abandonada; le permitirá sentirse y saberse sostenida por el amor del padre, de quien ella tiene la mayor de las necesidades durante estas horas supremas.
Una obstetricia moderna -digna de ser llamada «humana» y bien adaptada a las últimas concepciones y conocimientos en el terreno de la vida afectiva humana- tendrá en cuenta estas necesidades y sabrá respetar las condiciones aquí descriptas.
La Haptonomía enfoca la preparación de los padres para sus tareas y les enseña a desarrollar sus facultades innatas.
Lo que precede permite comprender que pueden sentirse padre y madre mediante el desarrollo adecuado de «sus facultades psicotáctiles» en las que la «ternura» juega un papel dominante. Es preciso que el padre aprenda a distinguir el «tacto» de los «contactos psicotáctiles afectivo-confirmantes haptonómicos» y comprenda que la caricia implica y provoca algo diferente de la «ternura».
El padre que ha sabido desarrollar sus facultades haptonómicas de contactos táctiles (¡que nada tienen que ver con el tocar!)se vuelve -por la naturaleza de este contacto afectivo-confirmante- «tocante» en el sentido emotivo, es decir, entra en contacto con la vida interior, con la vida íntima -el «alma»- tanto de su mujer como de su(s) hijo(s); lo que implica que se instaura un estar-juntos que tiene la cualidad de un consensus. Un consensus afectivo que une sin prender, sin quitarle la autonomía al otro y que constituye un verdadero sentimiento de solidaridad: un «saberse y sentirse juntos», un «estar en una unión muy poderosa en total independencia». ¿Acaso no se llama a esto «Amor»?

R. B. I.: Participar activamente en el parto y en el nacimiento de su hijo, ¿le permite al padre ocupar su lugar más fácilmente?

F. V.: La conclusión de lo dicho anteriormente debe ser clara. Si el padre acompaña a su mujer desde la concepción con una afectividad confirmante sincera, participa activamente tanto en el embarazo como en el nacimiento de su hijo; su lugar está ya incontestablemente marcado y ocupado. Está en su sitio desde el primer instante; un lugar del cual no debe nunca dejarse desalojar.

R. B. I.: Cuando usted le propone al padre, tras el nacimiento, colocar al niño sobre el vientre de su madre y presentárselo, ¿piensa que la situación es adecuada? ¿No cree que debería ser la madre quién deba presentar el niño a su padre como lo subrayó Lacan?

F. V.: Se trata de un acto sensato cuyo interés ha sido numerosas veces probado.
Se debe colocar al niño sobre el regazo de su madre -regazo del que acaba de salir- de inmediato tras el nacimiento para que se sienta tranquilizado y asegurado en este contacto piel a piel y para que escuche el latido del corazón tan íntimo y tan familiar de su madre hasta que respire de forma autónoma y el cordón deje de latir. Creo que esto representa un acto que, cada vez más, se convierte en una actitud aceptada.
En lo que concierne a la segunda parte de su pregunta, las ideas de Lacan no son las mías, y no comparto en absoluto su opinión sobre el hecho de que deba ser la madre quien presente el niño a su padre. Al contrario, el acto que incumbe específicamente al padre es el del détachement [desligamiento]. Mediante este acto, hace autónomo a su hijo de tal forma que éste mantiene su propia cabeza para mirar el mundo en que se encuentra, bien sostenido en su base. El niño se siente en seguridad, y, de esta forma, se instaura el «sentimiento de seguridad de base» del que precisa fuertemente para la expansión de su autenticidad.
El nacimiento ya es en sí un primer détachement de la madre; un détachement esencial que se realiza, en primera instancia, por el corte del cordón umbilical efectuado por el padre.
Se produce un real desligamiento cuando el niño, aún sobre el regazo de su madre para descansar tras su entrada activa en el mundo, respira libremente, y el cordón -que ha dejado de latir- rompe la última unión vital que lo unía a su madre a través de la placenta y pone fin a un estado cuasi simbiótico con ella.
Se continúa con la «apertura al mundo»:el padre -tras este desligamiento del niño- refuerza el détachement sosteniendo bien su base, elevándolo con un movimiento suave y volviéndolo hacia el mundo. Es un momento emotivo en el que se ve al niño, asombrado, abrirse al mundo como una flor que se despliega. Mediante este acto que da seguridad, el «padre» presenta y muestra con orgullo el niño a la «madre» de forma que ella lo vea por completo en un «estado de autonomía primordial».
Tras esta acción -que no dura más que algunos minutos, pero que es de una cualidad fundamental y esencial para que el niño se sienta verdaderamente liberado del estado cuasi simbiótico del regazo-, el padre vuelve a entregarle a la madre el niño desligado, liberado y asegurado. Lo coloca sobre su regazo de forma tal que pueda desarrollar el comportamiento de libido vitalis de inmediato. El niño trepa -bien sostenido por la mano de su madre- en busca del pezón para asirlo y nutrirse, y, finalmente, para reposar contra el seno de su madre, cercano a su corazón.

R. B. I.: ¿Le parece diferente el amor paternal del amor maternal? ¿Cree usted que existe un «instinto paternal»?

F. V.: En lugar de hablar de «instinto» -una noción ambivalente- sería preferible hablar de «intuición» que es una noción más creativa y humana. Existe, a mi entender, una «intuición ontogénica paternal», pero, en nuestra cultura, estas facultades innatas de nuestra naturaleza humana quedan cada vez más en barbecho a causa de la hiperracionalización de nuestra civilización, lo que conlleva su subdesarrollo o su atrofia. Según mis observaciones, se puede distinguir ciertamente por su naturaleza específica el amor paternal del amor materno. Por ello, el amor de un padre no puede reemplazar completamente el amor maternal y, a la inversa, el amor de una madre no puede sustituir en todas sus dimensiones al amor paternal.
Justamente por estas razones, el niño precisa para su expansión, su crecimiento, su evolución y su maduración -para su individuación y su identificación- de una madre y de un padre. La falta de uno de los dos tiene repercusiones para su propio devenir, ¡repercusiones que no hay que subestimar! No hay que confundir -en este contexto- «instinto» e «intuición» con la noción de «amar». EI amor paternal no se diferencia humanamente del amor maternal, pero no se puede negar que, desde el punto de vista del niño, pueden existir grandes diferencias entre las vivencias del uno o del otro que condicionan los lazos totalmente distintos con la madre y con el padre.

EL LUGAR DEL PADRE – Primera Parte

EL LUGAR DEL PADRE – Primera Parte


Cuando hablamos de embarazo y de nacimiento, estas palabras resuenan a mamá, a mujer y a bebé o a hijo, pero ¿Cuál es el lugar que ocupa el padre en esta circunstancia de vida? ¿Cuáles son sus responsabilidades? ¿Puede el padre construir un lugar de igualdad afectiva dentro de esta triada?
Para reflexionar y seguir construyendo el lugar del padre, les dejo una entrevista de Raymond Bela Iche a Frans Veldman que fue publicada en el libro “El acompañamiento afectivo haptonómico desde la concepción hasta la muerte, Haptonomía ciencia de la afectividad, editado por la Fundación de Haptonomía de España, 2003.


Acerca de la paternidad en el contexto del acompañamiento afectivo haptonómico perinatal

Raymond Bela Iche: ¿Qué significa para usted «ser padre»?

Frans Veldman: En cierta manera, ya he respondido a esta cuestión. Puedo añadir ahora, hablando como «padre» en el sentido de pater familias -y no como «creador» de ciencia- los «deberes paternales» porque, para mí, ser «padre» es, ante todo, saber asumir los deberes y las responsabilidades inherentes a esta cualidad.
Por «deberes paternales», entiendo, entre otros deberes, la «misión» de respetar, desde todas las consideraciones, la «individualidad» y el «carácter propio» del niño dados en su «constelación significativa». El niño tiene el derecho incontestable de ser reconocido y consolidado en su singularidad, es decir, de descubrir y de revelar el Bien que representa o que puede alcanzar.
Esto implica que el padre debe hacer todo lo posible para hacer «autónomo» a su hijo ofreciéndole los estímulos adecuados. Estímulos y, sobre todo, incitaciones que soliciten el desarrollo de sus dones, talentos y facultades innatas.
La labor del padre, en este terreno, difiere esencialmente de la labor de la madre. La misión de la madre -por su naturaleza y por sus disposiciones constitucionales y naturales- es principalmente la de revelar y realizar la facultad específicamente femenina de establecer un home, una «casa propia», un hogar de seguridad, caluroso, pleno de amor tierno. Un verdadero «nido de amor», primero en su regazo y, tras el nacimiento, sobre su regazo, en sus brazos y contra su seno. Paralelamente, la misión del padre es la de permitirle al niño abrirse al mundo al que debe entrar, guiarlo en este mundo y hacerlo independiente, autónomo.
Estas misiones no son mutuamente contradictorias ni mucho menos.
Hay que valorar bien que una mujer es un ser humano privilegiado. Ella, y sólo ella, puede portar un bebé en su regazo, cerca de su corazón, en su «centro de afectividad». Este hecho exige una aproximación llena de respeto, de consideración, de estima y de atenciones. Es ella quien porta el secreto innato de la vida y del amor, innato como una intuición sagrada; lo que explica ese deseo fundamental interior que la incita o, a veces, incluso, la impulsa hacia sus fines. Y es este hecho, esta aspiración intuitiva a menudo inconsciente, la que en ocasiones la convierte en débil entre las manos del hombre.
Este hecho me ha llevado a concluir que en los contactos afectivo-táctiles de los actos de amor y de los impulsos eróticos es primordialmente el hombre quien asume la «responsabilidad» principal de la «concepción» de un niño. Es él -por la eyaculación de su esperma- el primer responsable de la fecundación.
La responsabilidad de la madre es de una naturaleza distinta de la del hombre porque, en el «momento supremo», no es ella la que en su naturaleza intuitiva, receptiva, al alcanzar la acmé de este encuentro de amor, puede intervenir o reaccionar para evitar la fecundación, suponiendo que ella lo desee. Si tuviera que estar atenta y vigilante para evitarlo, no podría verdaderamente vivir la delectación, el placer fundamental que le corresponde y le pertenece.
Justamente, la angustia de una fecundación no deseada es la que, con frecuencia, hace que muchas mujeres no alcancen este placer esencial; se provoca, así, ausencia de orgasmos, frigidez o aversión hacia todo contacto erótico.
En el «acto de amor» que implica la concepción, deseada o no, de un ser humano es donde se manifiesta la «responsabilidad» de un hombre y -digámoslo claramente- de un «padre». El verdadero amante -el verdadero padre- sabe asumir esta responsabilidad y aceptar las consecuencias.
¿Pero por qué hablar solamente de la «responsabilidad del padre» y no de la «responsabilidad compartida de los amantes»? ¿Engendrar un niño, un ser humano, es decir, crear la vida es, acaso, un acto tan negligente que no debemos tener en cuenta sus responsabilidades cuando nos encontramos en un acto de amor que, ante todo, debe ser un acto de confirmación afectiva del ser querido?
Para mí -y sobre todo en el cuadro de la ciencia de la afectividad que es la Haptonomía-, la «responsabilidad del padre» comienza con la «concepción» de un niño, de su niño, y ningún hombre tiene el derecho de sustraerse o de intentar escapar a esta responsabilidad.

R. B. I.: ¿Mediante qué proceso uno se convierte en padre?

F. V.: Ya he dado elementos de respuesta en lo que precede.
«Racional, biológica y moralmente se llega a ser padre mediante el acto de la fecundación con el que se inicia la concepción de un ser humano».
Por ello, este acto debe ser cuidadosamente tomado en consideración; se deben contemplar todas las implicaciones y responsabilidades, y no debe ser cumplimentado más que tras una madura reflexión.
Tal respuesta exige una observación matizada para evitar todo malentendido. Debe quedar claro que distingo explícita e implícitamente el «acto de amor de la concepción» de un ser humano de «los actos de amor» que son inherentes a las interacciones eróticas. Interacciones que juegan un papel esencial en la felicidad de amarse, que se expresan mediante el deseo fundamental de vivir juntos la «delectación» (el placer vital intrínseco que lleva aparejado un gozo óptimo) que acompaña al cumplimiento de un deseo vital. El placer y el gozo son el apogeo de todo verdadero encuentro de amor. Es, precisamente, la aspiración a la delectación -la activación y la actualización de los deseos de los dos amantes en buena armonía, unidad y unanimidad- lo que revela y hace vivir en reciprocidad el Bien que representa y que significa el uno para el otro.
El acto de amor de la concepción de un ser humano debería -por su propia naturaleza- ser un acto en contexto del Eros. Cuando dos amantes sinceros -«padres antes del acto procreador»- lo consideran conscientemente en su reencuentro de amor, crean el porvenir de «su» hijo. Cuando sus deseos del alma -y el amor que los une- los llevan a concebir «a sabiendas», la confirmación afectiva de su hijo toma su razón de ser en el mismo acto de creación.
No se puede negar que, desde la fusión de los gametos, el individuo en gestación está caracterizado por su «constelación significativa» que engloba la totalidad de sus factores genéticos, la historia de su ascendencia, las propiedades ancladas en su genoma, la especificidad de sus talentos, dones y facultades; en resumen: su naturaleza única, que lo distingue de cualquier otro individuo.
La vida interior del alma humana, encarnada en la vida corporal, comienza ciertamente en el momento de la concepción, de la fusión de los gametos, desde que la unidad de las primeras células vitales se ha formado.
Aunque los dos padres juntos sean responsables del niño que crean, es el padre, sobre todo y primordialmente, quien debe ser consciente de su responsabilidad. él es -en primera instancia- el que debe garantizar la «viabilidad» de su hijo, en el verdadero sentido de la palabra, y crear las circunstancias para que la madre pueda consagrarse completa y exclusivamente a su deber que no es otro que el de guiar y acompañar al niño en un ambiente de seguridad, de ternura, de calor, de solicitud y de consolidación existencial; en resumen, en un ambiente «afectivo-confirmante de amor» que proporcione al niño vivencias que le aseguren, en el «sentir», vivirse como Bueno-en-sí, en un bienestar que conforma el fundamento sólido para una vida autónoma y en total autenticidad-de-sí.

domingo, 10 de abril de 2011

Gerencia en Acción
Marketing 3.0 del cliente a la persona
Chichí Páez Esta nueva concepción del "marketing" ha sido expresado por Philip Kotler especialista en esta área del conocimiento y en su libro, cuyo título es igual al que identifica este espacio, reafirma que la actividad de mercadeo es una actividad muy compleja y difícil para las organizaciones empresariales, debido a que el dinero que falta en cualquier estrato, se invierte para estimular a el estímulo consumidor de la gente.

Este modelo de gestión lo acabarán las redes sociales, por cuanto ya no bastará con presentar los productos (bienes y servicios) a través de la publicidad clásica.

El futuro de un mercadeo exitoso estará orientado hacia otros objetivos. El neuromarketing está siendo utilizado por las empresas para investigar el funcionamiento del cerebro y poder determinar con exactitud cómo estimulan las personas-clientes la "parcela neuronal" del inconsciente y de cómo puede maniobrarlo.

Estos no serían los estilos de gestión que a largo plazo podrían ayudar a las organizaciones a sobrevivir en esta aldea planetaria.

El Dr. P. Kotler, científico y profesor en Kellogg School of Management de Northwestern University, ha desarrollado en este libro grandes ideas innovadoras y creativas, que condicionan un cambio violento en las estrategias de mercadotecnia usadas hasta ahora.

Estas transformaciones se deben fundamentalmente a las nuevas tecnologías de la información y comunicación (NTIC).

En las últimas décadas la gestión del "marketing" se ha venido gestionando con el "producto" como el enfoque central de dicho estilo (marketing 1.0) hacia el rumbo cardinal "consumidor" (marketing 2.0); pero el marketing 3.0 simboliza que las empresas con visión de futuro exitoso han dejado en el camino los enfoques anteriores (producto, consumidor) y ahora todos sus esfuerzos de mercadeo lo concentran en las personas. Este nuevo punto de vista representa que la Responsabilidad Corporativa se transforme en el lado opuesto de la rentabilidad.

Bajo esta nueva perspectiva organizacional el antes mencionado especialista reafirma enfáticamente lo siguiente: "las empresas ya no son luchadores que van por libre camino, sino una organización que actúa dentro de una red leal de partners".

Por las ideas y conceptos de este nuevo y turbulento enfoque de gestión empresarial, las personas no son vistas como simples consumidores, sino como "personas completas" con "espíritu humano", que tienen como expectativas la transformación del mundo en algo mejor, apetecen que los productos, bienes y servicios que seleccionan les satisfagan, no sólo a nivel funcional y emocional, sino a nivel espiritual, del alma, moral.

Internet es un elemento fundamental en todos estos nuevos escenarios, por cuanto con la interconectividad que se logra a través de las redes sociales (facebooks, blogs y twitters) las personas tienen más posibilidades de expresar más libremente su opinión acerca de las empresas.

Sin lugar a dudas que con estas nuevas realidades representadas por la fuerza de expresión de los medios sociales, ha traído como consecuencia que la efectividad de la publicidad convencional sobre el estilo de conducta de compra esté disminuyendo. Claro está, por cuanto: ¡la experiencia de otros consumidores son naturalmente más creíbles que la publicidad!

En estos nuevos y complejos contextos comerciales las empresas estarán más y más bajo la presión de la competencia para "brindar orientación" y "actuar" de manera moralmente defendible.

Los especialistas en esta área del conocimiento frente a estos nuevos tejidos: "Marketin 3.0. La Nueva Dimensión del Marketing, Del Cliente a la Persona", se formulan la siguiente interrogante: ¿el 3.0 es sólo una cuestión de cambiar el centro de la estrategia o es un cambio más profundo?

Muchas son las posibles respuestas a la inquietud expresada anteriormente. Entre los enfoques que deberían tomarse en cuenta figuran entre otros los siguientes: Se ha pasado de focalizar las estrategias de marketing en el producto, a los clientes y ahora el objetivo fundamental y, más natural; es concentrar la gestión en las personas. Éstas son las que compran el producto, bienes o servicio y terminan "construyendo" las respectivas marcas.

En el pasado cuando el centro era el "producto", la comunicación 1.0 era unidireccional, es decir; de la marca al cliente de uno a muchos.

Gerencia en Acción
Marketing 3.0 del cliente a la persona
Chichí Páez




La comunicación 2.0 estaba basada en las nuevas tecnologías de la información y comunicación, basada en la diferenciación y direccionalidad constante, el "feedback" con el cliente es muy claro, la clave conocerlo para ofrecerle servicio de excelencia.

El afianzamiento de los procesos comunicacionales orientados desde la empresa hacia el cliente a través de los comentarios de las redes sociales.

Estos canales comunicacionales han facilitado que emisor y receptor tengan conversaciones, aunque la figura de emisor sigue residiendo, sobre todo en la marca.

En el marketing 3.0 el epicentro será la persona: sus inquietudes, preocupaciones, qué quiere del mercado, que es éste sector para ella. Los procesos comunicacionales son: de muchos a muchos. La clave: ¡LOS VALORES!