miércoles, 16 de diciembre de 2015

Mensaje de Navidad 2015

Dr. Moisés R Giesurín M.
Es Navidad!!! De nuevo el Señor nos da una experiencia mágica y maravillosa. Vivir la navidad. Con toda su carga de marketing de consumo, aun queda un respiro de búsqueda de Paz y Amor. Aun con el ruido que la cotidianidad nos abruma, aun oímos villancicos, aguinaldos y gaitas.  Faltan pocos días para la Noche Buena y ya el ambiente navideño flota en el aire. Aromas, colores, costumbres, tradiciones...    Todo se mezcla y da gusto compartirlo con familiares y amigos.
        Alboroto de niños llenando las calles de excitación en medio de gritos, juegos, charlas que tienen un solo tema: “que le pediste al Niño Jesús…..”y ojitos brillantes esperando que lleguen las 12 para abrir sus regalos.
    Noche de recuerdos de quienes ya no están, esa abuela que nos hacía hallacas y dulces caseros, esos padres que se fueron dejándonos todo un mundo de amor para transitar, ese amigo que sabía entendernos y compartía con nosotros nuestro mundo. Seres queridos que pasaron por nuestra vida y que seguramente esta noche nos acompañan desde alguna estrella y esperan una sonrisa elevada al cielo en su nombre.
    Solo por hoy te propongo, que cuando el estruendo de la pirotecnia, las sirenas de la cuidad, los saludos de Feliz Navidad te avisen que es Noche Buena, mira al cielo…busca la estrella más grande, allí será nuestro punto de reunión de todos los Maestros sin Fronteras para unirnos en un solo deseo: “Paz y Amor para este mundo”. Tú también estás invitado. Te esperamos!!!.
         Que el divino maestro de Galilea te bendiga en unión de tu familia, y ojalá, el próximo año podamos coincidir, tu leyéndome y yo escribiéndote..


lunes, 14 de diciembre de 2015

Haz que hoy valga la pena

Clásicos Gerenciales
Haz que hoy valga la pena
Por Juan Carlos Caramés
Hay muchos instantes de tu vida que no tienen una segunda oportunidad

Cada día es especial…Cada día es una bendición de Dios…Pero hoy, siempre es el día más especial.¿Por qué hoy es un día clave? Por varias razones. Veamos algunas de ellas, para determinar cuál alimenta tus deseos de hacer este día inolvidable.Hoy te puedes levantar con la mejor esperanza, para que con tus acciones marques una diferencia, por ejemplo, hacer lo correcto, cumplir con tu deber y dejar tu conciencia con balance positivo. No todos los días se tiene la posibilidad de marcar historia.Recuerdo una anécdota que publiqué en este espacio, hace mucho tiempo, sobre un pueblo donde la costumbre era dejar buenas contribuciones en la iglesia de la comunidad. Eran tan buenas, que era famosa por ello.Pero un buen día, alguien pensó ¿por qué hacerlo hoy?Voy a dar, de manera muy cuidadosa una simple moneda de céntimos, sin que nadie se dé cuenta. Total, tanta gente da tanto, que no se sentirá la diferencia. Y así lo hizo, dio una pequeña contribución.Sorpresa, cuando el cura de la iglesia contabilizó la recolecta, ese día. ¡Casi todo eran monedas de céntimos! Así puede pasar en muchas cosas de la vida. La diferencia está en hoy hacer lo correcto, para que modelando esa actitud, se contagien otros.Hoy puedes hacer eso que dejas para algún día, y que por alguna razón quizás no tengas más oportunidad mañana. A veces hoy es el día más indicado. Una pequeña contribución sumada varias veces, puede ser una gran sorpresa al final. Hoy nunca es tarde. El mañana se hace con lo que decidas hoy, y no con lo que harás algún día. Siempre es el momento apropiado para hacer lo que es correcto. Nunca permitas que otros decidan por ti. Pocas veces una contribución insignificante, puede cambiar la historia.Hoy puedes marcar la diferencia, como muchos lo hacen. Es cuestión de tener muy presente tus opciones y seleccionar tu mejor alternativa.Una empresa buscando nuevos ejecutivos le hizo la siguiente pregunta a casi doscientos candidatos, de ambos sexos, y les pidió la respuesta por escrito:Está usted camino a su casa en su auto deportivo, en medio de una terrible tormenta y pasa por delante de una parada de autobuses y ve a tres personas:Una viejita que está muy grave y que si no llega al hospital a tiempo, se muere.Un médico, muy amigo suyo, quien le salvó la vida hace un par de años.Y al ser más hermoso que haya visto en su vida, con quien siempre ha soñado y estaría dispuesto(a) a pasar el resto de su vida con él(ella).Como su auto es deportivo, sólo puede llevar a un pasajero. ¿Qué haría usted?¿Cuál sería tu acción?Este es un problema de opciones y cuestionamientos. Es una disyuntiva que puede tener varias alternativas.La vida de la viejita está en juego. Por su edad avanzada y su condición, se le puede complicar su estado de salud.Al doctor que le salvó la vida, siempre en el futuro pudiera retribuirle de alguna manera el favor.¿Pero, cómo haría para no perder ese perfecto amor? ¿Cómo evitar dejar pasar esta gran oportunidad?De los doscientos candidatos, sólo uno consiguió el trabajo y su respuesta la encontrarás más abajo, pero antes piensa lo que tú harías en esta situación y después compárala con la respuesta de la única persona que fue contratada por la compañía.¡Ya lo pensaste! Escogiste la mejor decisión. Esta fue la respuesta de la única persona que pensó hacer lo correcto: “Le doy las llaves del auto al doctor para que lleve a la viejita al hospital y yo me quedo en la parada y esperando el autobús con la persona de mis sueños.Sencilla la respuesta, verdad. Hay veces que es mejor no complicarse, tomar acción sobre lo que realmente te interesa en la vida, priorizar correctamente sobre lo que mueve tu emoción, sin perjudicar lo que está a tu alrededor. Hoy sigue tu instinto, haz lo que quieras, pero vete a la cama sintiéndote tranquilo de tu contribución. No decidir, es también decidir, por eso deja tu marca en la historia. Hoy todos necesitamos ser héroes, hoy todos podemos ser actores de nuevas páginas, de nuevos relatos en el corazón.@juanccaramesjuancarloscaramespaz@gmail.com

Clásicos Gerenciales
“María”, los grandes logros se construyen de valientes pasos
Por Juan Carlos Caramés
Son tus decisiones y no tus condiciones lo que determina tu destino
En días recientes, en un espectacular campamento de aventura gerencial, entrenaba al equipo de líderes de una gerencia clave, de una empresa de la zona industrial.
Este entrenamiento consistía en poner a prueba las habilidades de equipo y liderazgo, retando destrezas para superar obstáculos y hacerlos en el menor tiempo posible; analizando las mejores reacciones y demostrando un excelente control emocional.
La gerencia estaba integrada por diez participantes, dos hombres y ocho mujeres, una de ellas, por cierto se llamaba “María”, con disfunciones físicas claras en uno de sus brazos y manos, y en un pie.
Todos los participantes se distribuyeron en dos equipos de cinco integrantes, un hombre en cada equipo y cuatros mujeres para afrontar un rally de veinte (20) retos.
Al equipo que le tocó “María”, se le veía con cara de preocupados, un tanto inconformes por su presencia, para todos los retos que esperaban. El otro equipo, se le escuchaba el murmullo de agradecimiento de no tener a “María” en el equipo.
De inmediato comenzaron los retos, con la foto del día.
Recuerdo el primer reto, todos montados en un bote, remando con las manos. El equipo con “María” perdió esa prueba, pues la limitación de ella se sintió en la falta de impulso colectivo.
En algunos retos “María” hasta no participaba, pero su equipo se la ingeniaba para ganar algunos de ellos. Era un verdadero mano a mano, con algunas desventajas.
La tarde llegaba a su final, ya con muchos retos superados. La diferencia entre ambos equipos era apenas de diez puntos. Parecía que “María” hacía que los integrantes de su equipo se exigieran más, denotando un cansancio más marcado que el otro equipo. Ella siempre se disculpaba con su equipo, cada vez que perdían un reto por ella.
Nos acercábamos al final, sólo quedando dos pruebas. El penúltimo consistía en lanzarse al agua todos los integrantes de cada equipo, en el medio de una gran laguna, y llegar todos juntos a la orilla. Todos estaban con chaleco salvavidas. En el equipo de “María”, tres de sus integrantes no sabían nadar (y por supuesto (María era uno de ellos). En el otro equipo sólo uno no sabía nadar, pero cuando se lanzaron al agua, éste se descontroló de tal manera, que entró en pánico, haciendo que su equipo llegara en segundo lugar a la orilla.
Ahora la diferencia era de sólo cinco puntos, llegando al último reto de la tarde, un tanto audaz y extremo. Consistía en ver cuál era el equipo que aguantara más descalzos, con sus pies metidos en una gran cubeta llena de agua con hielo. Todos los integrantes tenían que pasar, para ver cuál equipo duraba más tiempo.
Para el equipo de “María”, esta prueba era empatar. Para el otro, ganar.
Cada equipo preparó su estrategia, como era costumbre antes de cada reto. Para mi sorpresa, colocaron a “María” de primera. Los minutos pasaban, mientras que el otro equipo, rotaba y rotaba a cada integrante. La prueba finalizó con el último participante que rotó, mientras que “María” participaba inmóvil en su cubeta. Todos estaban asombrados al verla, todavía allí, mientras ningún miembro de su equipo había pasado.
Un participante del equipo perdedor comentó: “Aquí hubo trampa”, acercándose hasta donde estaba “María”, para verificar si ella tenía alguna protección en sus pies. A lo que María, y ya le quito las comillas, expresó, con su acostumbrada voz pausada: “Un hubo trampa como puedes ver. Lo que pasa es que yo hago terapia todos los días con hielo, para activar la circulación de la sangre en mi pie derecho y en mi mano izquierda, pues poca sensibilidad tengo en ellos. El hielo me sirve para fortalecer la circulación de la sangre y con ello la activación de mis músculos. Puedo durar el tiempo que yo quiera, mientras cada uno de ustedes sólo instantes”.
El silencio adornó el atardecer y lo hizo brillar para todos. Por cierto el equipo de María empataba la contienda, la cual al final ganó con un último reto de creatividad, dando una gran lección a todos los participantes y hasta al instructor…
María demostró que hay más debilidades mentales que físicas, en muchos de todos nosotros.
María alimentó de ganas a su equipo, enseñándoles que una dificultad no es motivo para fracasar y menos para bajar la guardia. En los momentos de la verdad, la fuerza yace más en el corazón que en un tribunal de razones.
María enseñó que cada uno tiene el mismo valor en un equipo enfocado en acción. Nadie es más, nadie es menos, todos somos todos, indispensables en la consolidación de resultados alentadores. María demostró, por lo menos ese día, ser más fuerte que muchos, más valiente que algunos, más colaboradora que el promedio. ¡Gracias María por tantas lecciones ese día!
@juanccarames
juancarloscaramespaz@gmail.com

domingo, 13 de diciembre de 2015

Inspirulina

El día del orden perfecto 

Eli Bravo eli@inspirulina.com www.inspirulina.com 


Ilustración Alejandro Ovalles | jaoc28@yahoo.com
ay momentos en que me asaltan ciertas fantasías o, siendo más preciso, debería llamarlas quimeras, porque son ideas que mi imaginación pinta como posibles, pero en realidad no lo son. Por ejemplo: amanecer con mis buzones de correos electrónicos completamente al día, tener un orden absoluto en mis archivos, finalizar con todas las reparaciones pendientes en casa o subir a mi velero y que todo funcione a la perfección. La lista podría extenderse, pero no deseo agobiarte. Seguramente ya entiendes a qué me refiero.

La quimera viene de no reconocer el carácter cambiante de las cosas. Es que por instantes pienso que si hago un esfuerzo supremo, hipereficiente y magistral, podré llegar a la última línea de la lista del "por hacer" y podré descansar tranquilo, ya que todo estará engranado y así permanecerá por siempre.

Pero entonces llega la vida y sin consideraciones derrumba mi casa de naipes.

Porque sucede que los e-mails llegan a una velocidad superior a mi capacidad de respuesta, los papeles se multiplican como hongos, los más de sesenta años de la estructura de mi casa salen a la luz y el velero... bueno, está más que comprobado que un barco tiene vida propia y nunca deja de tener achaques. Es un pozo sin fondo adonde van tiempo y dinero sin lógica alguna. El único sentido es el placer de navegarlo. Sin embargo, ese es otro tema.

Sé muy bien que existen cursos y talleres para optimizar esto y mucho más. Las personas muy exitosas te dirán que gerenciar su tiempo y las tareas cotidianas es una clave para sobresalir. Tienen razón.

El detalle está en reconocer que la lista del "por hacer" nunca se acaba. Que todo esto es un proceso cambiante y que no se trata de alcanzar ciertas metas para entonces llegar al orden total. Es como quien dice que será feliz cuando alcance A, B y C. Lo más probable es que luego descubra que le falta de la D a la Z y, lo más importante, que no hay que completar el abecedario para ser feliz ahora.

¿Significa esto que es mejor lanzar la lista a la papelera? Si quieres terminar enterrado entre papeles, de espaldas a tus responsabilidades y con tus proyectos a mitad de camino, inténtalo. En cuestión de semanas el caos será de película.

De lo que hablo es de observar el proceso de cambio en todo lo que te rodea y descubrir la mejor manera de fluir con ese proceso. O para no ponerme etéreo: de olvidarte de alcanzar un estado de perfección y aceptar las cosas como están. Así, en lugar de resignarte y abandonar todo esfuerzo por mejorar ese proceso, tomar las medidas necesarias para responder y actuar en la dirección que sea más conveniente. La vida y sus cambios no van a esperar por ti. La lista de actividades seguirá creciendo, pero ¿de verdad tienes que atenderla en su totalidad y a la perfección? Aprender a asignar prioridades y reconocer qué es importante ayuda a manejar el tiempo y las energías. También es fundamental saber enfocarse para no perder la concentración. No obstante, creo, el secreto reside en reconocer que nada en esta vida se puede llevar a un punto de equilibrio, armonía y orden ideal, pues surgirán otras condiciones que cambiarán la situación y la realidad será distinta.

Por lo pronto seguiré trabajando en borrar, archivar y responder mis e-mails, limpiaré el archivador, repararé el grifo del lavamanos y lijaré las maderas del barco.

Cada día, de manera más eficiente, intentando disfrutar cada actividad, pero sin dejarme arrastrar por la idea de que el día del orden perfecto llegará.
Punto y Aparte |  MENTE Y ESPÍRITU

Cómo discutir sin agredirnos

por MAYTTE  |  DOMINGO 13 DE DICIEMBRE DE 2015

Cuántas veces tratamos de comunicarnos con otra persona y al no poder lograrlo, luego de unos minutos, ambos estamos alzando la voz, atacando, amenazando, hiriendo o defendiéndonos del otro con palabras y comentarios agresivos que solo muestran nuestro nivel de desequilibrio emocional...

Es inevitable que haya momentos en los que necesitemos aclarar algún malentendido, resolver algún inconveniente o expresar nuestras ideas y puntos de vista diferentes y que por cualquiera de estas razones y otras nos veamos expuestos a una discusión para llegar a un acuerdo, aclararlo o resolverlo. Lo que sí podemos evitar, manteniéndonos atentos a la forma en la que respondemos, es ser parte del conflicto y contribuir con su gravedad en lugar de hacerlo con su solución.

Hay una gran diferencia entre una reacción agresiva y una respuesta responsable. La primera surge cuando nos dejamos llevar por las emociones alteradas, para decir o hacer cosas que más tarde lamentaremos por las heridas o el malestar que le causamos a la otra persona y a nosotros mismos. Mientras que la segunda, una respuesta responsable, se origina cuando resistimos conscientemente el impulso a reaccionar y, más bien, nos tomarnos unos minutos para elegir la mejor manera de responder y de actuar.

En algún momento llegué a pensar que eran los otros la causa del malestar durante alguna discusión y, luego, me di cuenta de que en realidad no son los demás, sino cada uno de nosotros, quienes nos alteramos y afectamos, por las semillas de emociones como la ira, la tristeza, el resentimiento, el temor, la envidia, los celos y la inseguridad, que están plantadas en nosotros por alguna experiencia del pasado no resuelta. Ellas nos llevan, cuando lo permitimos, a responder tan o más desequilibradamente de cómo lo hacen los demás. No hay excusas. Necesitamos aprender a canalizarlas para transformar la manera en la que le respondemos a los demás y a la vida.

Cuando te dejas alterar por el comentario o la actitud de otra persona, le das la responsabilidad sobre tus actos, dejas que te maneje como quiera hacerlo; mientras que si eres tú quien asume la responsabilidad y decide maduramente no reaccionar, comienzas a tener el control de tu salud mental y física.