domingo, 12 de junio de 2011

Te puede salvar la vida

Clásicos Gerenciales
Te puede salvar la vida
Juan Carlos Caramés Paz / juancarloscaramespaz@gmail.com

Cuentan que un hombre que trabajaba en una planta empacadora de alimentos, en su rutina normal laboral, fue a un gran refrigerador para inspeccionar la calidad de uno de los productos que estaban a punto de despachar para un cliente especial.


En su concentración de inspeccionar, con todos los procedimientos técnicos de calidad que aplicaba al producto, no se percató que la puerta del refrigerador se le había cerrado, quedando atrapado en ese espacio frío y aislado del ambiente exterior. Al darse cuenta, en su desesperación, comenzó a golpear la puerta y a gritar, para que alguien que estuviera cerca le abriera la puerta. Todo era en vano, nadie lo escuchaba, la puerta principal era de un grosor muy especial, por las características de los productos que allí se almacenaban.


Por las políticas de higiene y seguridad, de la compañía, tampoco tenía su teléfono celular en la cintura. La situación era tensa y nada agradable. De paso, ya era casi la hora de salida y muchos de sus compañeros comenzaban a dejar la empresa, para regresar al hogar. El frío comenzaba hacer notar su presencia. Era el refrigerador más grande y potente de la empresa. Poseía los mejores sistemas automáticos para mantener el frío y conservar los alimentos que allí reposaban.


Cinco horas habían pasado y el trabajador permanecía en el refrigerador. El frío ya comenzaba a entumecer el cuerpo y no había manera de abrir la puerta. Quedaba poco tiempo para lo peor.


De la nada, sin aviso, y de forma sorpresiva y milagrosa la puerta, de repente, se abrió. El guardia de seguridad entró y rápidamente actuó. Lo sacó del refrigerador y comenzó a darle calor. El trabajador estaba mudo, casi sin movimiento, pálido. Ni una palabra dio. Lo habían rescatado milagrosamente.


Al día siguiente todos los trabajadores de la empresa se habían enterado. El guardia de seguridad se había convertido en un héroe. Hasta el presidente de la compañía le había entregado una carta de felicitación. Todos le hicieron llegar su admiración.


En los entretelones de la celebración, alguien le preguntó al guardia de seguridad cómo se había dado cuenta que un compañero estaba atrapado en el refrigerador principal de la empresa. Sobre todo, cómo lo había hecho si ello no formaba parte de su rutina y territorio de trabajo.


El sencillamente explicó… "Llevo trabajando en esta empresa veinte años. Cientos de trabajadores entran a la planta cada día, pero él es el único que me saluda en la mañana y se despide de mí en las tardes. El resto de los trabajadores me tratan como si fuera invisible, me ignoran como parte de su rutina natural de entrar y salir de la empresa. La persona que rescaté, hoy me dijo "hola" a la entrada, pero nunca escuché un "hasta mañana".


Yo espero por ese hola, buenos días, y ese chao o hasta mañana, cada día. Sabiendo que todavía no se había despedido de mí, pensé que debía estar en algún lugar del edificio, por lo que lo busqué y busqué. No lo encontraba ni en su oficina, ni en la de sus compañeros. Tampoco estaba en los salones de reuniones ni en los salones de entrenamiento. Tampoco en los baños, y comencé a buscar por todos lados hasta que lo encontré. Estaba casi muerto, pero llegué y lo regresé al calor, a la vida".


Para muchos esta historia parecerá increíble. Es un relato tomado de una fuente real. Pero la principal razón de estas palabras no es la historia como tal, sino lo que sigue a continuación.


En mis diagnósticos industriales, el que la gente no salude a nadie, el que no existan muchas normas de convivencia, es una práctica muy normal. El porcentaje de empresas en donde el saludo es natural, de todos con todos, es muy bajo. En mis reuniones con líderes les expreso mi preocupación y hasta he llegado a calificar el ambiente de "Zombi". ¡Si, como lo acaba de leer! Zombis, que andan con la mirada fija en el horizonte, sin tener contacto con nadie, seres que andan con el automático puesto en su rutina de trabajo.


Parecerá estúpido hacer un artículo sobre este tema, pero es impactante ver este indicador en "primer lugar" dentro de mis estudios, de lo que está relacionado con las prácticas gerenciales y de liderazgo que hacen tóxicas las relaciones de trabajo, dentro de los aspectos que enturbian los ambientes de trabajo, dentro de los factores que impiden bienestar laboral.


Lo que mis estudios dicen, es que lo más normal, en el vivir vivir de todos los días empresariales, es que la gente no salude, que pocos lo hagan. Casi nadie conoce los nombres de sus compañeros, pocos responden los saludos. A veces agachan la mirada para demostrar, de manera descarada, el ignorar al otro. Este sencillo, pero desagradable acto, conecta al afectado con unos sentimientos de desprecio, desconsideración, humillación, descalificación y hasta venganza. Es increíble el daño que causa el ignorar al prójimo, dentro de una convivencia diaria de trabajo, y sobre todo en Venezuela.


Contrario a esta situación, cuando en una empresa el saludo es algo normal y constante, se observa ya en el rostro de la gente las ganas de trabajar, el deseo de pertenecer, el efecto de querencia, es decir, "quiero trabajar aquí, me siento bien". Aunque usted no lo crea.


Cuando el saludo funciona, ya nos respetamos desde el principio, la buena vibra es una constante, los desacuerdos se resuelven más rápido. Nos sentimos pertenecientes a algo común, nos sentimos en familia, término que es muy usado en las empresas, pero al que pocas se pueden dar el lujo de ser.


Cuando pertenecemos a una organización, todos somos importantes, todos formamos parte del equipo. Saludar es considerado ya como una manera de marcar diferencia. Debería ser una obligación natural de todos. Y ahora que lo sabes, hasta puede ser considerado como una manera de salvar la vida…

domingo, 5 de junio de 2011

Una manera diferente de hechizarnos... Parte II

Clásicos Gerenciales
Una manera diferente de hechizarnos... Parte II
Juan Carlos Caramés Paz / juancarloscaramespaz@gmail.com

La semana pasaba inicié el camino de una fórmula de hechizo, para que nuestras palabras se parezcan al mundo interior que deseas. Hoy continúo con ella.

Primer paso fue "Vive en el presente y deja de esperar lo peor". Veamos, entonces los siguientes pasos.

Segundo paso: Examina las probabilidades con preguntas concretas.

Muchas veces, las preocupaciones no se basan en un hecho concreto. Existe una diferencia entre cómo son las cosas y cómo las vemos. Para acercarnos más a la realidad, tenemos que analizar nuestras preocupaciones y calcular si lo que tenemos puede ocurrir de verdad.

Imaginemos un ejemplo. A Carlitos lo invitaron al parque acuático, pero su papá le tiene temor al agua. Ese temor se manifiesta como una preocupación de que su hijo va a tener un accidente. En este momento es cuando su papá debe aplicar un mejor hechizo a sus pensamientos. Él debe hacerse una serie de preguntas concretas.

En vez de hacerse las preguntas que normalmente se haría, ahora se hará unas preguntas para ver, mejor, cuál es la probabilidad de que, realmente, suceda un accidente:

¿Cuál es la probabilidad de que van a haber otros adultos responsables en el parque acuático?

Respuesta: 95%

¿Cuál es la probabilidad de que habrá un salvavidas vigilando, además, de anfitriones guías del parque? Respuesta: 100%

Ahora que podemos examinar la probabilidad de que alguien estará vigilando a los niños, vemos que el peligro que papá percibió no se basaba en la realidad.

Veamos otro ejemplo. Si Pedro no quiere salir a la calle porque le preocupa que un carro lo atropelle, tiene que preguntarse: ¿Cuál es la probabilidad de que me vaya a atropellar un auto? Digamos que él cree que la probabilidad es muy alta, como el 80%. Ahora debe hacerse algunas preguntas para de verdad saber cuál es la probabilidad:

¿Cuál es la probabilidad de que voy a mirar a ambos lados de la calle antes de cruzarla? Respuesta: 90%.

¿Cuántas veces he cruzado la calle sin problema alguno? Respuesta: 100%.

¿Cuál es la probabilidad de que estén funcionando correctamente los semáforos? Respuesta: 93%.

Ahora, ¿Cuál es la nueva realidad de la preocupación de Pedro? ¿Todavía se justifica su miedo por ser atropellado? Creo que ahora a Pedro estará más tranquilo para salir a la calle. Hechízate con las preguntas correctas en la vida.

Tercer paso: Analiza tus predicciones: ¿Ocurrió la catástrofe que esperabas?

Más del noventa por ciento de las veces, nunca ocurre lo peor. Más del ochenta por ciento de las veces, nunca ocurre lo malo que pasaría.

Si sólo promediamos lo anterior descrito, podemos concluir que el ochenta y cinco por ciento de nuestras predicciones NEGATIVAS resultan ser falsas. A veces no le prestes atención a ciertos pensamientos que te hechizan, no dejándote ser lo que realmente deseas ser.

Cuarto paso: Disminuye las dudas y piensa en opciones variables.

Uno de los obstáculos más grandes a la felicidad es la duda: "¿Y si…?". Ese es el centro del problema para todas las personas que padecen de ansiedad o de indecisión. Cuando la gente sumamente dudosa tiene que hacer algo, en su mente surge un sinfín de pensamientos negativos:

"¿Y si lo rompo?"..." ¿Y si tengo un accidente?"...

"¿Y si me llama mi pareja y no estoy y se enfada?"... "¿Y si me despiden?"...

Para acabar con este problema, lo más recomendable es evaluar, analizar y deshacerse de esa tendencia a preguntarte "¿Y si...?", dándole respuesta sincera y realista a tu propia pregunta.

"¿Y si llueve?", pues nada, te llevas un paraguas. Si te vas a mojar, pues te mojas. Llueva o no llueva, no dejes que nada arruine tus planes. En otras palabras, si ocurre algo en contra de tus planes, ¿qué pasará? ¿Te vas a morir? No. ¿Vas a sufrir mucho? No.

Quinto paso: Obsérvate desde lejos y determina: ¿Cuál es mi realidad?

Cuando nos preocupamos, quedamos atrapados por esas ansiedades y nos sentimos ahogados por nuestros problemas, nuestros propios hechizos. A veces así es muy difícil solucionar nuestros problemas desde cerca; necesitamos distanciarnos de nuestra situación para poder mejorar nuestra vida. Al distanciarnos, podemos de verdad ver cuán grave es nuestro problema. Podemos ver en qué enfocamos nuestra atención, cómo pensamos, qué fuerza tienen nuestras palabras, por qué adoptamos ciertos comportamientos y cómo nuestras creencias y nuestros sentimientos influyen en nuestras vidas. Lo importante es ver la diferencia entre lo que nosotros percibimos como nuestra realidad y la realidad actual.

Empecemos por explorar nuestros pensamientos y comportamientos. Observar estos aspectos nos da control, es el punto para reconocer nuestros hechizos y, también, una manera de desconectarlos de los sentimientos, porque los sentimientos son los que nos congelan. Recuerda, son las emociones y los pensamientos que mantienen vivas las creencias y los hechizos en tu mente.

De vez en cuando pregúntate: ¿Cuál es mi realidad? Practica alguna forma que permita ver tu vida a través de ojos ajenos. A veces somos demasiado severos con nosotros mismos, y necesitamos tomar prestado los ojos de alguien que nos quiere para aprender a querernos a nosotros mismos.

Lee este artículo varias veces, para que la profundidad de sus palabras te ayuden a dar un mejor hechizo a tu vida.

Una manera diferente de hechizarnos... Parte I

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Una manera diferente de hechizarnos... Parte I
Juan Carlos Caramés Paz / juancarloscaramespaz@gmail.com

Recientemente revisaba un libro de la Dra. Isabel, y me llamó la atención la facilidad con que, ella, presentaba una manera de disminuir los pensamientos tóxicos que hechizan nuestras vidas. Combinado con algunas de las mías. Ella decía...

¿Cómo podemos liberarnos y vivir una vida más feliz?

¿Cómo dejar atrás los dramas vividos y los que observamos a nuestro alrededor y así encontrar la felicidad?

¿Cómo liberarnos del sufrimiento del pasado, el temor hacia el futuro y las ansiedades de la vida cotidiana?

¿Recuerdas algunos momentos de tu pasado en que estabas abrumado por situaciones económicas difíciles, o por la depresión o por otras circunstancias, y estos recuerdos te hacen frenar tu deseo de progresar profesionalmente o de comenzar una nueva relación?

Como seres humanos, nos sentimos atraídos hacia dos direcciones a la vez. Por un lado está el deseo de felicidad y de éxito que nos estimula a avanzar, y por el otro lado nos reprimen los sentimientos y pensamientos negativos del pasado. Es como manejar un auto con un pie en el acelerador y el otro en el freno.

Lo que necesitamos es abrir los ojos para ver que lo que nos impide vivir a plena capacidad son las preocupaciones y las dudas, obstáculos encerrados en nuestro subconsciente. Estos sentimientos actúan como un imán que atrae la energía negativa que se encuentra en nuestro alrededor para entonces proyectarla hacia nuestro interior. Hay veces en que nos creamos una nueva visión para nuestras vidas, de algo que deseamos, pero después, como ladrones en la noche, se interponen nuestras inseguridades, esas dudas que nos dan mensajes confusos del pasado y nos dictan lo que no podemos hacer.

Los tres enemigos principales de la felicidad son el estrés, el temor y la ansiedad. Comúnmente, estos obstáculos se nos presentan en la forma de preocupaciones y dudas. Si estamos en un balcón y le tenemos temor a las alturas, el miedo que sentimos se presentará como una preocupación de que algo nos va a suceder. Si estamos ansiosos en el trabajo, lo que surge es un sinnúmero de preocupaciones: "A mi jefe no le gusta mi trabajo", "Me van a despedir si no termino este proyecto a tiempo". Si tenemos la creencia de que somos incapaces, dudamos de nosotros mismos constantemente. Nos preocupamos porque al hacerlo, estamos intentando controlar nuestras vidas. Pensamos que si estamos pensando en nuestros problemas, eso significa que estamos haciendo algo productivo; que estamos más cerca de encontrar una solución. Pero eso sólo es cierto si estamos pensando en nuestros problemas de forma positiva. Si al preocuparnos por nuestros problemas sólo nos enfocamos en lo mal que nos sentimos, ese tipo de preocupación es muy contraproductiva.

Lo esencial para tener todo lo que deseamos en la vida es aprender a soltar, a desprendernos y a liberarnos de las preocupaciones. Cuando aprendemos a liberarnos de esa basura emocional, empezamos a disfrutar del bienestar en todos los aspectos de nuestra vida.

Por todo ello es importante aprender a liberarte de tu voz interior negativa. El lenguaje que utilizamos para describir nuestras preocupaciones y dudas tiene un efecto inmenso en nuestros sentimientos y creencias. Las palabras tienen el poder de aliviar o agravar nuestra situación. Tenemos que darnos cuenta de que lo que nos decimos a nosotros mismos se convierte en un hechizo.

Si pensamos en el poder de nuestras palabras y las vemos como una oración, recibimos lo que pedimos. Si crees que nunca serás feliz, mejor es que no lo digas verbalmente o en voz alta porque es como si lo rezaras. Aun si no lo verbalizas pero lo sigues pensando, eso también te hace mucho daño, ese diálogo interno negativo forma parte de un hechizo.

Cuando padecemos de ansiedad y preocupaciones, nos convencemos con nuestras palabras que todo en nuestra vida es difícil. Convertimos un problema específico que debe tener una solución en una preocupación, un hechizo, que llega a dominar nuestras vidas. La solución es desprendernos de los hechizos, de esa voz interior negativa, con un plan de acción, que te ayude a bajar tu nivel de estrés y disminuir tus preocupaciones usando el poder de las palabras. Veamos, entonces, qué hacer...

Primer paso: Vive el presente y deja de esperar lo peor.

Cuando nos preocupamos, a veces empezamos a mirar al futuro a través de un filtro de realidad muy negativo. Pensemos en el siguiente ejemplo: María tiene una reunión en el trabajo mañana en la cual va a necesitar hacer una presentación. Ella empieza a sentirse ansiosa porque no le gusta hablar en público y teme que no le va a ir bien en la reunión. Si la reunión es un fracaso, piensa que la podrán despedir del trabajo, ¿y después qué va a hacer? No va a tener dinero para pagar las cuentas y nadie va a querer estar con ella.

¿Ves lo que pasa? Ella se precipitó en sacar conclusiones, ¡conclusiones falsas! Tomó una preocupación del presente y la convirtió en una catástrofe del futuro. Lo único que está pasando ahora es que está ansiosa por la presentación, pero sus preocupaciones la llevaron a saltar a varias conclusiones, cada una peor que la anterior. En lugar de disminuir su ansiedad, sólo logró aumentarla.

Hay que vivir, de una vez, el presente inmediato. Si vives siempre en el futuro, preocupándote por eventos negativos que ni han pasado y quizás jamás van a pasar, te quedas agotado emocionalmente.

Vivir en el ahora nos hace más felices y menos vulnerables a la ansiedad. No puedes controlar lo que te pasó "YA" en el pasado, o lo que te va a pasar en el futuro. Si tienes una preocupación ahora mismo, en vez de proyectar todos tus miedos hacia un futuro catastrófico, tienes que simplemente decir: "Bueno, me tengo que enfocar en lo que tengo que hacer ahora, en este momento. Yo no voy a pensar en las otras diez tareas que tengo que hacer o en las consecuencias de mis problemas. Me tengo que concentrar en esto". Piensa que si te pones a pensar demasiado en el futuro, te da una parálisis que entonces sí puede afectar lo que estás haciendo en el presente, y consecuentemente tu futuro sí se afectará, todo porque no pudiste dejar de preocuparte.

En mi próximo Clásico Gerencial encontrarás los siguientes pasos, para hechizarte de una mejor manera en la vida...