Una afirmación celestial
Una afirmación celestial

Cada uno de nosotros sueña con que nuestra familia sea una familia ideal, con que nuestros mejores amigos sean los de nuestra propia sangre. Jesús no tuvo esas expectativas. Observa cómo definió a su familia: “Todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana y mi madre” Marcos 3.35).
Cuando los hermanos de Jesús no compartieron sus convicciones, no trató de forzarlos a que lo hicieran. Reconoció que su familia espiritual podría ofrecerle lo que no podía ofrecerle su familia física.
No podemos controlar el modo en que nuestra familia reacciona hacia nosotros. En lo que respecta a la conducta de otros para con nosotros, nuestras manos están atadas. Debemos superar las expectativas ingenuas de que si obramos bien, la gente nos tratará como corresponde. Lo cierto es que tal vez lo hagan, pero siempre esta la posibilidad de que no. No tenemos control alguno sobre cómo la gente va a reaccionar ante nosotros.
Permite que Dios te dé lo que tu familia no te proporcionará. Si tu padre terrenal no te apoya, permite que tu Padre celestial tome su lugar.
Y no te desanimes. Dios todavía cambia a las familias.
Y seré para vosotros por Padre,
Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
2 Corintios 6:18
Tomado del Libro
Gracia para Todo Momento
Autor: Max Lucado
1 comentario:
amado Moisés, sigue dándonos de tu conocimiento y de tu afecto, gracias por las publicaciones que nos ayudan a crecer. Un abrazo!
Publicar un comentario