Efectivamente. El arcano tiempo jugaba en detrimento de aquel hombre que asumió con diginidad su derrota y comenzó a recaminar en sentido contrario a si mismo. Desandando espacios, desbaratando encajes para llegar al hilo.... Y en ese hilo estaba su vida, su futuro y sus designios. Habia llegado la hora D, la hora de los hombres y no de los niños. Su estima estaba en el suelo y su amor por la lucha cotidiana estaba en el subsuelo. Consciente de su duelo el hombre se refugió en si mismo. Olvidó o intentó olvidar y sólo logró recordar mas aun. Pensó y repensó y sólo se vio a si mismo en el futuro y a la mujer amada en su vida sin él. Es decir, tuvo la convicción de que sus caminos, como las líneas paralelas, no volverían a juntarse jamás. Al menos su discposición de lucha, esa lucha que toda la vida lo habia hecho un guerrero de luz, estaba en ese momento muy lejos de su alma. El silencio absoluto lo rodeaba. NO tenia señales de su amada. Entendió en pocos momentos los amores eternos de la historia, platónicos o no. Quiso sentarse en alguna plaza, centro comercial o lugar lejano y todos le traian inexorablemente el pasado. Ahora estaba seguro de que habia fracasado y que por sus acciones y por sus dejar pasar, estaba en el fondo del mar. No se detenia a pensar en la venganza contra quienes le aplicaron el letal veneno en la dosis justa para agonizar eternamente. Sabía de sobra que era quizas la batalla mas importante de toda su vida. Y lo asumía.
El hombre caminaba por caminar, comia por comer y miraba por mirar. En cada esquina anhelaba verla, pero el miedo a lo que pudiera decirle ella era tan fuerte como su amor por ella. No habia señales de heroismo en su conducta. Estaba él y él en un nosotros patético.
Esta historia conitnuará.
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