sábado, 29 de enero de 2011

Las oraciones hacen la diferencia

Las oraciones hacen la diferencia

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La mayoría de nuestras vidas de oración podrían ser objeto de afinamiento.
Algunas vidas de oración carecen de persistencia. Son un desierto o un oasis. Son largos, áridos y secos períodos interrumpidos por breves chapuzones en las aguas de la comunión…
Otros necesitamos sinceridad. Nuestras oraciones son un poco huecas, aprendidas de memoria y rígidas. Más liturgia que vida. Y aunque son diarias, son tediosas.
Otras aún, carecen, digamos, de sinceridad. Nos preguntamos sinceramente si las oraciones producen resultado alguno. ¿Por qué Dios que está en el cielo va a querer hablar conmigo en la tierra? Si Dios lo sabe todo, ¿quién soy yo para decirle algo? Si Dios lo controla todo, ¿quién soy yo para hacer algo?
Nuestras oraciones pueden ser torpes. Nuestros intentos pueden ser débiles. Pero como el poder de la oración reside en el que la escucha y no en el que la eleva, nuestras oraciones realmente producen resultados…
Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis,
porque me buscaréis de todo vuestro corazón.
Jeremías 29:12-13
Tomado del Libro Gracia Para Todo Momento
Autor: Max Lucado

1 comentario:

Anónimo dijo...

La oración es un acto de máxima prioridad. Sin lugar a duda, es la disciplina más importante de la vida del cristiano. La oración fue de máxima prioridad en la vida del Señor Jesucristo, cuanto más debe ser en nuestras propias vidas.

La oración es la fuerza, el poder y el secreto que mueve al cielo y hace que el mundo se mueva a su compás. Ni el dinero, ni el genio, ni la cultura pueden hacer algo para mover a Dios.

Todo el secreto del poder reside en la santidad que da energía al alma, y a todo el ser lleno de amor ardiente que se derrama en oración a Dios.