domingo, 17 de abril de 2011

El deseo es el comienzo de un Logro
Juan Carlos Caramés Paz / juancarloscaramespaz@gmail.com

Días pasados, trabajando en mi oficina, mi hija entró al final de la mañana, y de la nada me comentó: "¡Qué hago para divertirme!". Me agarró fuera de base, ya que ella no había ido al colegio, ese día, por sentirse mal.

Me insistió, "Papá, deseo hacer algo retador contigo".

Ya me siento mejor. Wuao, comenté.

Con mis hijos varones armamos Legos (juguete de piezas para completar figuras) con cierta frecuencia. Recordé entonces que tenía una caja guardada para ellos. Y pensé en ese juego. Sin decirle nada, me levanté de la silla y fui al sitio donde lo tenía guardado. Mi hija, de vez en cuando, arma los suyos (de acuerdo a su edad). El Lego hace recomendaciones con respecto a las edades y el nivel de dificultad.

Cuando lo tenía en sus manos vi que su rostro cambió. Entonces le pregunté "¿Quieres algo retador?". "Sí", contestó ella. "Pero, pero, pero, quieres que arme este Lego". Y dije, "¿Cuál es el problema?", "Sé que es de varones, eso te afecta". Ella me hizo señas con su boca hacia una parte de la caja, como haciéndome ver algo que le llamaba la atención.

Le dije, "¿Qué pasa?, no te gusta".

Ella simplemente me dijo, "Es para mayores de 16 años, y tú sabes mi edad (ella sólo tiene nueve)". Yo repliqué ¿Cuál es problema? Ella dijo "Ninguno, ninguno". Y entonces…

Volvió a comentar, "Me lo vas a dar". Y comenté, "Sí, no deseabas algo retador".

Mi primera sorpresa fue su reacción. Hay gente que se asusta cuando sabe que los retos son superiores. Hay gente que se minimiza sólo de pensar que puede estar mejor en la vida haciendo algo superior, pero encuentra cualquier justificativo para ser promedio, o peor, para ser igual que ayer y ayer y ayer.

Ella, en cambio, me arrancó la caja de las manos y salió corriendo contenta de afrontar este reto (que era para sus hermanos mayores). Esa razón en ella inspiró una energía de acción.

Sabía que sería una larga sesión de paciencia y salivita, como decimos nosotros en criollo. Pero fue mucho más allá, lo que sucedió.

Yo estaba terminando un informe sobre una compañía que estaba pasando por un momento de dificultad. Su mapa de acción era de justificación, de temor, de "cuidado con lo que hacemos", de mejor nos quedamos como estamos, de lamentación y excusas.

Ella destapó su Lego y contenta comenzó a armarlo.

Hicimos un pacto: Cada dos hojas ella venía junto a mí, para verificar que todo se hiciera correctamente. Simplemente le colocaba a cada paso ejecutado una simple marca de revisado.

Los minutos comenzaron a correr y algunas cosas empezaron a ocurrir. Les cuento algunas…

"Papá, no encuentro una pieza"… Yo le decía, sigue, sigue buscando. A veces un poquito más, es todo lo suficiente. ¡Te vas a dejar vencer por esa pequeñita pieza!, "Claro que no", decía ella.

"Papá, está bien, revísalo, por favor"… Cuando le marcaba como "OK" cada paso, observaba como sus ojos se llenaban de sentido de realización, como su postura era de "YO si puedo", como sus ojos brillaban de logro, como se veía inquieta para marcharse a continuar con la siguiente instrucción. A cada dos pasos le escuchaba decir "YUPIIII".

"Papá, acércate, por favor, está difícil este paso"… Le decía "difícil tiene una "f" de fácil". Ella contestaba "lo sé, pero está complicado". Entonces le indicaba "observa la figura en todos sus ángulos, chequea que todas las partes coincidan". A veces andamos por la vida observando sólo el árbol, y no somos capaces de ver el bosque. Otras tantas, creemos que las cosas son sólo como lo pensamos. Y resulta que muchas veces la realidad puede ser otra.

"Papá, no encuentro una pieza"… Y le repetía la instrucción. Pero ella ya me cortaba, diciendo: "Ya sé, papá, ya sé lo que tengo que hacer: buscar un poquito más, hay que persistir, a veces, hasta el cansancio. Sigue intentando, busca, busca bien". Ya mis comentarios, no eran comentarios, ya mis instrucciones no hacían falta. Ya eran comportamientos que comenzaban a formar parte de sus actitudes ante las circunstancias que le vida le presentaba.

"Papá, ¿Cómo voy?". Muy bien le decía. Esta pregunta me la hacía constantemente, como cual atleta de alto rendimiento, que constantemente se dice así mismo "vamos bien, lo estoy haciendo mejor, voy bien". Todos necesitamos de una voz interior que nos diga que vamos bien. Todos necesitamos escuchar en algún lado, de alguien, exterior o interior, que vamos bien. Si no lo escuchas, fabrícatelo para que ese algo te de ese empuje necesario, a diario, a instantes, que tanto necesitamos. Fabrica tu voz interior para seguir, para animarte, para aguantar cualquier chaparral que se presente en la vida.

En una de esas que tanto me preguntaba "¿Cómo voy?", le contesté así como de manera desconectada y desanimada, con poca emoción "ahiiií, vamos más o menos bien, pero vamos". Su cara fue todo un poema, su rostro cambió, hasta arrugas le salieron. Al darme cuenta de lo que hice, por supuesto a propósito, cambié mi expresión: "Cariño, vas mejor cada vez", y salió corriendo como alma endulzada de alegría, a ejecutar su próximo paso.

Sin querer estuvimos trabajando la cortesía. Cada vez que me pedía que le chequeara su adelanto, me decía "Gracias, hasta muy pronto". Esto lo digo a propósito, porque hay palabras que pareciera estuvieran desapareciendo de nuestro vocabulario de alguna manera (por favor, hola, buen día, y otras tanta que ya conocemos). Es tanto así, que los pocos que lo hacen, se están viendo afectados por lo que no contestan esas atenciones, y que sin querer se convierten en desconsiderados.

Mi hija terminó su lego y emocionada me lo mostró, cual atleta consigue una medalla olímpica. Para ella fue una olimpiada, para mí una gran lección:

"La tristeza es el mejor mensajero para buscar la alegría, la actividad un nuevo tipo de caminar…"

"Por la calle del DESPUÉS, se llega a la plaza del NUNCA".

Helen Keller dijo una vez "Cuando hacemos lo mejor que podemos, nunca sabemos que milagro se produce en nuestra vida o en la de otros".

"En la orilla sólo encuentras lo que buscas…"

"La preocupación proyecta con frecuencia una enorme sombra de algo muy pequeño…"

Napoleón Hill escribió una vez… "La derrota temporal deberá significar una sola cosa, el conocimiento de que hay algo malo con su plan".

"Nada es tan imposible para no intentarlo"…

Al final de todo, una pregunta que me hizo, me llamó mucho la atención: "Papá, ¿Lo hice más rápido que mis hermanos?"…

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